Alimentación y Reproducción

Como mencionábamos anteriormente, la gruesa capa de grasa que poseen las focas les permite no solo enfrentar las duras condiciones de temperatura en su entorno, sino realizar inmersiones en el agua de hasta 600 metros.
Gracias a esta condición, las focas pueden alimentarse de crustáceos, peces y cefalópodos que habitan en el fondo marino, aunque los pingüinos, e incluso otras focas de menor tamaño, también integran su menú. Adicionalmente, sus fuertes dientes molares les permiten triturar los caparazones y las conchas de ciertos moluscos.
La gran habilidad de estos animales para cazar y buscar comida también se basa en sus enormes bigotes. Estas estructuras son capaces de detectar pequeñas vibraciones en el agua producto del desplazamiento de los peces. Incluso en ambientes de poca iluminación o visibilidad nula, las focas son capaces de determinar la ubicación de los peces por medio de sus bigotes.
Aproximadamente, una foca adulta puede ingerir unos 5.5 kilogramos de comida al día, lo que representa un 5% de su peso corporal.

El proceso de gestación de las focas toma entre nueve y once meses, algo que también se encuentra sujeto al tipo de especie. El período de alumbramiento ocurre casi siempre entre los meses de febrero y julio en dependencia del lugar donde habitan.
Un dato curioso que podemos apuntar es que durante la etapa de lactancia, la cual dura alrededor de un mes, la madre no se alimenta en ningún momento, por lo que tras este período deberá salir a cazar para recuperar toda la grasa corporal perdida.
Al nacer, las focas se encontrarán cubiertas por una capa blanca que se desprende con el tiempo una vez que se han sumergido en el mar. A los cinco años de edad, un ejemplar macho habrá alcanzado su madurez sexual, mientras que en las hembras ocurre un poco antes, al año o dos de edad.